Resultados de la búsqueda
Resultados encontrados sin ingresar un término de búsqueda
- Tortilla francesa de espinacas y quesitos
Tortilla francesa de espinacas y quesitos Ingredientes: 2 huevos 80 g de espinaca cortada congelada 1 diente de ajo picado 2 quesitos Sal Aceite Pimienta Elaboración: Ponemos la espinaca congelada en un colador y la enjuagamos un momento bajo el grifo para quitar el exceso de hielo; la escurrimos y la apretamos bien con las manos o con papel de cocina para que suelte toda el agua posible. Calentamos una sartén antiadherente a fuego medio con un chorrito de aceite y añadimos el ajo picado; lo salteamos unos segundos, solo hasta que empiece a oler bien, sin dejar que se queme. Incorporamos la espinaca bien escurrida, salpimentamos y la salteamos 2–4 minutos, removiendo, hasta que quede seca y sin líquido en la sartén. Batimos los 2 huevos con una pizca de sal y pimienta y les añadimos un poco el queso en trozos, mezclando para que quede integrado. Vertemos el huevo batido sobre la espinaca, bajamos a fuego medio-bajo y vamos moviendo con una espátula si la queremos estilo revuelto, o la dejamos cuajar sin tocar si preferimos una tortilla fina. Cuando esté casi cuajado, apagamos el fuego y servimos.
- No pinches con el tenedor que no es.
No pinches con el tenedor que no es Todos en casa tenemos tenedores: el tenedor con el que como todo y el tenedor que uso pequeño para dar de comer al niño o, como mucho, cuando comemos un picoteo, lo ponemos, ¿verdad? Pues hay varios tenedores; en función de lo que se usan; es facilísimo diferenciarlos. Vamos a ver ahora cuáles son cada uno y para qué usarlos. Esto es porque muchos tenemos cuberterías completas guardadas en un cajón y las ponemos solo en ocasiones especiales o para cuando vayamos a un restaurante a vacilar a vuestros cuñados/as o ese familiar que es un listillo, jeje. Tenedores mesa/tenedor principal/tenedor para carne: El tenedor de mesa es el más conocido y utilizado. Tiene tres o cuatro dientes y, por lo general, su tamaño suele ser igual que el de la cuchara. Acompañado de un cuchillo de mesa, comúnmente es utilizado para cortar carne y pescado. Tenedores para ensaladas: Los tenedores para ensaladas son de tamaño medio y su principal característica es su forma delgada. Son perfectos para comer alimentos muy ligeros y para utilizarlos en ensaladas con mango, pepino o sandía. Tenedores para trinchar: Los tenedores para trinchar son, casi con total seguridad, los más sencillos de identificar. Se caracterizan por tener dos únicos dientes, con amplia apertura central, es decir, están bastante separados. Además, son tenedores muy largos. Tal y como su propio nombre indica, se utilizan para sujetar aquellos alimentos que hay que cortar en rebanadas, como por ejemplo un lomo asado. Tenedores para pescado: Los tenedores para pescado son más anchos y planos que los de mesa o los de la carne, y tienen un total de cuatro dientes. Tenedores para ostras: Son unos de los más pequeños que existen, con tres dientes muy resistentes y gruesos. Gracias a ellos resulta mucho más sencillo extraer los moluscos de las conchas. Tenedores para caracoles: Cualquier restaurante que tenga caracoles en su carta debe contar con tenedores específicos para sacar al caracol de la concha. Son útiles de pequeño tamaño, con dos dientes largos y estrechos. Tenedores para servir: Los tenedores para servir o de servicio se utilizan para acompañar a la cuchara como ayuda. Se trata de una pieza ancha, con cuatro o cinco puntas en la gran mayoría de casos. Tenedores para postre: Son muy similares a los de mesa, aunque con un tamaño mucho más pequeño. Se caracterizan por tener tres dientes sin filo. Tal y como su propio nombre especifica, se utilizan para tomar tartas y todo tipo de postres. Tenedores para fruta/exprimir: Son de pequeño tamaño y generalmente cuentan con un total de tres dientes. Se utilizan para sostener las piezas de frutas mientras se pelan o cortan con un cuchillo, o para ayudarnos a exprimir un poco de limón, por ejemplo.
- Feijoada
Ingredientes: 500 gramos de frijoles negros Medio costillar de cerdo en trocitos pequeños 2 chorizos 1 panceta 1 pimiento rojo 1 pimiento verde 1 lata de tomate natural 1 hoja de laurel Arroz blanco Sal Elaboración: Comenzamos dejando los frijoles en remojo en agua desde la noche anterior, intentando que estén al menos 12 horas para que luego se cuezan mejor. Al día siguiente los ponemos a cocer desde agua fría con el laurel y suficiente agua para que queden bien cubiertos, porque se va evaporando y tendremos que ir añadiendo un poco cuando haga falta; esta primera cocción la dejamos una hora. Mientras tanto, vamos dorando las carnes en una sartén para que cojan buen color y sabor: sellamos las costillas, la panceta y los chorizos, todo en trocitos de bocado, y aprovechamos para usar también carne de ternera o de cerdo a nuestro gusto, según lo que tengamos o lo que más nos apetezca. Cuando los frijoles ya llevan una hora, incorporamos las carnes selladas a la olla y dejamos que todo siga cocinando junto a fuego lento. Mientras se hace el guiso, preparamos un sofrito en otra sartén con pimiento verde y pimiento rojo, y lo pochamos con calma hasta que esté blandito. Cuando el sofrito esté listo, añadimos el tomate triturado y lo cocinamos unos 10 minutos más para que pierda el sabor a crudo y se concentre. Sumamos ese sofrito al guiso y seguimos cocinando a fuego lento; contando tiempos, la idea es que haga 3 horas en total: una primera hora solo con los frijoles, y después otras dos horas ya con la carne y el sofrito. Pasadas las 3 horas, probamos y ajustamos de sal, y comprobamos si el frijol está bien tierno; si lo notamos todavía entero o duro, lo dejamos un rato más hasta que esté perfecto. Lo servimos espesito y lo acompañamos con arroz blanco.
- Oreja rebozada
Oreja rebozada Ingredientes: 1 oreja de cerdo cocida (aprox. 500–700 g), bien escurrida 2 huevos 80–120 g de harina (trigo) Aceite de oliva o de girasol abundante para freír. Sal en escamas al gusto. Pimentón dulce (y/o picante) al gusto. Elaboración Secamos la oreja cocida con papel absorbente y enharinamos y pasamos por huevo para rebozar. Calentamos aceite abundante en una sartén o cazuela a fuego medio-alto y, cuando esté caliente (sin humear), hasta que quede dorada, 2–4 minutos por tanda según tamaño. Sacamos la oreja a una rejilla o papel absorbente y la dejamos escurrir 30–60 segundos para que pierda el exceso de aceite sin perder el crujiente. Cortamos en trozos. Servimos al momento y espolvoreamos por encima sal en escamas y pimentón, ajustando la cantidad a nuestro gusto.
- Arroz basmati con cerdo adobado
Arroz basmati con cerdo adobado Ingredientes: 450–500 g de carne de cerdo (lomo, aguja o jamón fresco), en tiras o dados 1 cucharada colmada de pimentón (dulce o mezcla dulce/picante) 1 cucharadita de ajo en polvo Sal 2 cucharadas de aceite de oliva (más 1 cucharadita si hiciera falta para la sartén) 250 g de arroz basmati 400 ml de agua Elaboración: Mezclamos en un bol el pimentón, la sal, el ajo en polvo y el aceite de oliva, y removemos hasta obtener una pasta homogénea. Cortamos el cerdo, lo añadimos al adobo y lo masajeamos bien para que quede totalmente impregnado; tapamos y dejamos reposar al menos 30 minutos en la nevera (mejor 2–12 horas si tenemos tiempo). Lavamos el arroz basmati bajo el grifo hasta que el agua salga casi clara y lo escurrimos. Ponemos a hervir el agua con la sal (y el aceite opcional), añadimos el arroz, bajamos a fuego suave, tapamos y cocemos 10–12 minutos, hasta que el grano esté tierno. Apagamos el fuego, dejamos reposar el arroz 5 minutos tapado y después lo soltamos con un tenedor para que quede suelto; lo reservamos caliente. Calentamos una sartén amplia a fuego medio-alto y, si hace falta, añadimos una cucharadita de aceite; incorporamos el cerdo adobado en una sola capa. Marcamos la carne 2–3 minutos para que se dore, salteamos y seguimos cocinando 4–6 minutos más, hasta que esté hecha y jugosa; si se seca, añadimos un chorrito mínimo de agua y lo reducimos. Probamos y ajustamos de sal, retiramos del fuego y dejamos reposar 2 minutos. Servimos el arroz basmati y colocamos el cerdo adobado encima o al lado, repartiendo los jugos de la sartén.
- Gulas con bacalao y patatas al pilpil tradicional
Gulas con bacalao y patatas al pilpil tradicional Ingredientes: 2 patatas medianas (500–600 g), peladas y cortadas en rodajas finas de 3–4 mm Aceite suave para freír las patatas. 80–120 ml de vino blanco o caldo suave Sal 2 lomos de bacalao desalado (150–180 g cada uno), con piel 200 ml de aceite de oliva virgen extra (para confitar) 3 dientes de ajo, laminados 1 guindilla cayena (opcional) 150–200 g de gulas 2–3 cucharadas del aceite del bacalao (del confitado) Elaboración: Secamos muy bien el bacalao con papel, porque la humedad dificulta que el pilpil emulsione, y lo dejamos atemperar 10–15 minutos mientras preparamos lo demás. Ponemos en una sartén amplia (o cazuela baja) el aceite de las patatas y lo calentamos a fuego medio-bajo; añadimos las patatas y las hacemos despacio, como “confitadas”, removiendo con mimo de vez en cuando hasta que estén tiernas por dentro sin coger mucho color, unos 12–18 minutos según grosor. Cuando las patatas estén blandas, subimos el fuego un poco para que algunas rodajas doren ligeramente por los bordes, las sacamos a una bandeja con rejilla o papel absorbente y las salamos justo al salir del aceite. En un cazo pequeño ponemos el aceite del bacalao con los ajos y la guindilla y lo calentamos muy suave, sin que llegue a chisporrotear; cuando el ajo empiece a perfumar, bajamos el fuego al mínimo para mantener el aceite templado (aprox. 55–65 ºC). Introducimos el bacalao con la piel hacia arriba y lo confitamos a fuego muy bajo 8–12 minutos, hasta que se vea jugoso y empiece a soltar gelatina; lo sacamos con cuidado y lo reservamos templado. Colamos el aceite del bacalao a un recipiente y dejamos reposar 2–3 minutos; recogemos la gelatina/jugos que haya soltado el bacalao (si los hay) y los reservamos, porque ayudan a ligar la salsa. Para montar el pilpil, pasamos parte del aceite templado a un bol y empezamos a emulsionar con un colador metálico o unas varillas con movimientos constantes; vamos añadiendo el resto del aceite poco a poco y, si hace falta, incorporamos a cucharaditas la gelatina/jugos reservados hasta conseguir una salsa ligada y brillante. En una sartén limpia calentamos 2–3 cucharadas del aceite del bacalao, doramos apenas el ajo laminado y salteamos las gulas 30–60 segundos, solo para atemperarlas; fuera del fuego, las mezclamos con una o dos cucharadas de pilpil para que queden bien napadas sin pasarnos de calor. Emplatamos haciendo una cama de patatas panaderas fritas, colocamos encima el lomo de bacalao y coronamos con las gulas; terminamos con un poco más de pilpil alrededor y servimos al momento.
- Los guisos
Los guisos Con el invierno, cambiamos el paraguas y el chubasquero, por gorros de lana y bufandas. Pero el armario no será el único lugar de la casa que cambiará de aspecto durante estos meses: en la cocina, los platos otoñales dan paso a las sopas y guisos, en un intento de entrar en calor. En este artículo queremos hablaros sobre varios guisos tradicionales de España, para que podáis probarlos en casa y disfrutar de esos platos de cuchara que tan bien entran. ¿Qué es un guiso? ¿Cómo debe prepararse? Cuando hablamos de guiso, nos referimos a una cocción en medio mixto de un alimento, que consiste en la combinación de una cocción en medio graso y una en medio acuoso o seco. Dentro de este grupo de “cocciones en medio mixto” incluimos el breseado, el estofado y, nuestro protagonista de hoy, el guisado. Para ser más prácticos, la mayoría de los guisos siguen un esquema común: Se rehoga el alimento en aceite para producir una costra en el alimento y evitar la excesiva pérdida de nutrientes y jugos (cocción por concentración). Se añade el medio acuoso, se cuece de forma lenta y con tapa hasta que el alimento se ablande (cocción por expansión). Los guisos más comunes tienen como base diversas carnes o pescados, junto con tubérculos, leguminosas o cereales, y multitud de verduras como el repollo, espinaca, el clásico sofrito de verduras, etc. Es muy importante para obtener un buen guiso emplear productos de calidad y, a ser posible, de temporada. El resultado final no tendrá que ver si empleas una buena alubia seca y verduras del mercado, a comprar alubias ya cocidas y verduras de «plástico» de muchos de los supermercados. Beneficios y características de los guisos La característica más interesante de los guisos, además de que están de muerte, quizás sea su alto aprovechamiento de nutrientes: el contacto de los alimentos con el agua genera una mayor pérdida de nutrientes (estudio, estudio) por parte de los alimentos. Es decir, después de unos minutos de cocción en medio acuoso, el caldo contendrá una importante cantidad de nutrientes. Lo positivo de los guisos es que ese líquido de cocción se aprovecha y consume como parte del guiso. Otra de las ventajas de este tipo de preparaciones es que se toman calentitas, algo muy a tener en cuenta en esta época del año. Así que, si a ti también te ha dejado helado la bajada de temperaturas, no hay nada como un buen guiso para vencer el frío. Las cremas y purés también pueden ser un gran aliado para una cena invernal. Además, los guisos son algo muy nuestro, muy tradicional. De hecho, uno de los primeros libros de la cocina española se titula El libro de los guisados, escrito en el año 1525 por el cocinero de la corte Ruperto de Nola, en el que se mencionan varios de los guisos tradicionales de España. Anteriormente, ya hemos elaborado varios guisos tradicionales de España en el blog, donde os enseñamos a elaborarlos. Guisos tradicionales de España Tal y como comentábamos antes, España tiene una arraigada tradición de guisos. Prácticamente en todas las regiones de nuestra geografía, el recetario popular incluye abundantes guisos de lo más variados. El litoral español es muy extenso, por lo que son usuales los guisos marineros o de pescado, sobre todo en regiones como Galicia, País Vasco, y toda la zona mediterránea. En las zonas centrales de la península, encontramos guisos más contundentes como los estofados de carne, de cordero, cocido madrileño, callos a la madrileña, etc. Estos guisos son muy intensos en sabor, con caldos muy espesos, y suelen ir aderezados con diversas especias.
- Truco: aprovechar un puerro al máximo
Truco: aprovechar un puerro al máximo Los puerros son la verdura más completa que hay a la hora de cocinar. ¿Sabéis cómo aprovecharlo desde la raíz? Con este esquema veremos qué podemos cocinar con cada parte. Las raíces se pueden freír y sirven para adornar o para comer como snack La parte blanca, desde cremas, freír, guisos, vamos lo que queramos hacer con ella La parte medio verde casi blanca, esa la podemos usar para sofritos y cremas ya que es muy tierna como la blanca y se cocina rápido. La parte verde de las hojas esa que nos quita siempre los fruteros, la lavamos muy bien y la usamos para caldos y cremas Sobra decir que vienen de tierra siempre llenitos, así que tanto si lo vas a usar al momento como si lo vas a congelar lávalo a conciencia.
- Sofrito de tomate y cebolla en olla GM
Sofrito de tomate y cebolla en olla GM Ingredientes: 500 g de tomate 100 g de cebolla 2 ajos Media cucharadita de pimentón Sal AOVE (aceite de oliva virgen extra) Elaboración: Escaldamos los tomates en agua hirviendo; para ello, echamos agua en la cubeta y programamos a menú plancha, hacemos una cruz por la parte de debajo de cada tomate con un cuchillo, de manera superficial, solo la piel, y cuando empiece a hervir el agua, introducimos los tomates. Mientras hierven, cogemos un recipiente y echamos hielos y agua. Cuando empiece a abrirse la piel, los retiramos de la olla, colocándolos en el recipiente, parando así la cocción. Cuando se enfríen, se quitará fácilmente la piel; entonces los cortamos en trozos medianos y los metemos en la cubeta de nuevo. Pelamos la cebolla y el ajo y cortamos en trozos y juntamos con el tomate en la cubeta con un poco de aceite. Sazonamos. Sofreímos a 140ºC, menú plancha, removiendo cada poco hasta que esté todo muy pochado. Si queremos, podemos dejarlo templar, quitamos la mariposa y trituramos a nuestro gusto.
- Tallarines rápidos con atún y tomate en robot de cocina
Tallarines rápidos con atún y tomate en robot de cocina Ingredientes: 160 g de tallarines 200 g de tomate frito 2 latas de atún en aceite Queso en polvo Sal Elaboración: Cocemos la pasta en agua y sal siguiendo las indicaciones del fabricante: vertemos 1,5 l de agua en la jarra y calentamos a 120 ºC, potencia de calor 10, velocidad 0 durante 10 minutos; añadimos la sal y la pasta y programamos 100 ºC, potencia de calor 10, velocidad 0, el tiempo que indique el fabricante. Escurrimos la pasta y la reservamos. Sin lavar la jarra, echamos el atún con el aceite y el tomate, calentamos levemente: colocamos la mariposa y calentamos a 87 ºC, potencia de calor 7, velocidad 1 durante 3–4 minutos. Agregamos la la pasta escurrida a la jarra con la mariposa puesta y mezclamos 30–45 segundos a velocidad 1 sin temperatura; servimos y ponemos el queso en polvo por encima.










