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- Sorbete de mandarina en robot de cocina
Sorbete de mandarina en robot de cocina Ingredientes: 1 limón mediano 70 g de azúcar invertido 400 g de mandarinas peladas, 1 copa de cava (si se quiere) Elaboración: Pelamos las mandarinas y el limón de todo lo blanco y, en lo posible, también de las pieles y las hacemos gajos. Las congelamos por lo menos 6 horas; cuanto más tiempo, mejor. Echamos todos los ingredientes en la jarra justo antes de servir y trituramos a golpe de turbo, si lo deseamos añadimos el cava, Hay que servirlo al momento para que conserve el frescor y la textura helada. Podemos hacerlo en copas de cava, en vasitos monos o incluso en la misma cáscara de la mandarina; lo decoramos al gusto. Si añadimos el cava o un poco de zumo de naranja, perderá firmeza, ¡pero podemos tener una bebida refrescante!
- La comida de la "mala hierba"
La comida de la "mala hierba" Todos estamos acostumbrados a escuchar que en otoño hay gente que va al monte a por setas. Sin embargo, nos suena raro oír que alguien sale a buscar verduras, tubérculos o hierbas, ¿verdad? Pues no tiene nada de raro. De hecho, durante mucho tiempo en este país muchas personas no tuvieron más remedio que alimentarse con lo que daba el campo. Curiosamente, lo que antes era pura necesidad hoy vuelve como tendencia. Hay cocineros como el británico Jamie Oliver que reivindican estas “malas hierbas” y comparten recetas con ellas, cuando muchas de nuestras abuelas ya conocían sus propiedades y las cocinaban desde siempre. Eso sí, como ahora somos muy finos, en vez de decir “ir a por hierbajos”, lo llamamos foraging. A continuación, un repaso a algunas plantas que crecen en caminos, bosques o incluso cerca del mar, y que pueden tener un hueco en nuestra cocina. Importante: Solo consume plantas silvestres si estás completamente segura de su identificación y procedencia, y evita recoger en zonas contaminadas (cunetas, bordes de carreteras, campos tratados, etc.). Collejas o hierba conejera Es una verdura muy fina, típica en revueltos y tortillas, aunque también se puede guisar con legumbres o aportar un toque verde a platos de arroz. Pertenece a la misma familia que los claveles y es abundante en gran parte de España. Antiguamente fue protagonista de la cocina rural, aunque su consumo ha bajado mucho. También queda muy bien en ensaladas, con quesos, en gazpachos, como relleno de pasta fresca, en empanadas o en crêpes. En Creta, por ejemplo, se usan en las tradicionales pitas. Ortigas Esta “planta maldita”, cuando la tocas, porque produce urticaria, la conocemos todos. Sus hojas dentadas y su tallo característico no pasan desapercibidos. Lo que quizá no se conoce tanto es que la ortiga es rica en minerales y vitaminas, y en cocina da muchísimo juego. La precaución básica es manipularla con guantes, lavarla bien y escaldarla ligeramente antes de consumirla. Se puede tomar hervida, salteada con nueces o piñones, en sopas, empanadas o tortillas. Se aprovechan sobre todo los brotes y hojas tiernas de primavera, que son más delicados y agradables que las hojas grandes, más ásperas y fibrosas. Diente de león Abunda en el campo y en jardines asilvestrados, y es inconfundible por su flor amarilla. Se consumen las hojas verdes en ensalada, y con las flores se pueden preparar distintas elaboraciones. También se usa en infusión. Salvia En España hay mucha salvia silvestre y sus hojas son muy aromáticas. Es muy tradicional en la cocina italiana, por ejemplo, en platos sencillos como pasta con mantequilla y salvia. Salicornia Planta suculenta que crece cerca del mar y que la alta gastronomía ha recuperado con fuerza. Se la conoce como el “percebe de pobre” por su sabor a mar. Picada en ensaladas, aporta un toque salino que permite reducir la sal. También queda muy bien cruda como remate o en salsas. Verdolaga Crece en campos recién labrados, jardines o incluso entre baldosas, formando mantos extensos. Sus hojas se pueden comer crudas en ensalada, pero también se cocina con tallos en pistos y guisos. Es interesante por su contenido en omega 3. Malva Tradicionalmente, se ha usado en infusiones, y en cocina se pueden consumir hojas y tallos como verdura. También los pétalos se pueden añadir a ensaladas. Lavanda Además de ser la reina del jardín cuando florece, puede enriquecer postres con un toque floral: natillas, mermeladas, helados, y por supuesto, infusiones. Conviene usar poca cantidad para que no domine. Capuchinas Planta trepadora con flores que van del rojo al amarillo y al naranja. Hojas y flores son comestibles, crudas o cocinadas, y tienen un punto picante que recuerda al berro o la mostaza. Saúco Lo más habitual es usar la flor, tanto en cocina como para decorar. Con las bayas (negras azuladas) conviene ser prudentes si no se tiene experiencia, porque pueden dar problemas si no se usan correctamente. Hinojo silvestre Sus semillas se emplean en panes, pasteles e incluso licores. El tallo también se puede usar troceado en crudo en ensaladas, o hervido y consumido como si fuese un espárrago. Borraja Se aprovecha casi todo: tallos, hojas y flores. Tradicionalmente se toma hervida con un poco de aceite, y también encaja en caldos y potajes, en definitiva, platos de cuchara. Espárragos trigueros silvestres Se cocinan como cualquier espárrago triguero: a la plancha, en revuelto o en tortilla.
- Salpicón de "bogavante" en robot de cocina
Salpicón de "bogavante" en robot de cocina Ingredientes: 200 g de gambas 150–200 g de surimi tipo langosta, en trozos 2 huevos 80–120 g de aceitunas negras (mejor sin hueso) Vinagreta 1/2 pimiento verde (muy picado) 1/2 pimiento rojo (muy picado 1/4 cebolla o cebolleta (muy picada) 1/2 diente de ajo (muy picado o rallado) 5–6 cucharadas de aceite de oliva virgen extra 2–3 cucharadas de vinagre (de vino o de Jerez) Sal y pimienta al gusto Elaboración: Ponemos en la jarra 700 g de agua y un chorrito de vinagre, introducimos los huevos con cáscara y programamos 13 minutos a 120 ºC, potencia de calor 10 y velocidad 0; al terminar, los sacamos y los enfriamos en agua muy fría para cortar la cocción. Vaciamos la jarra, la enjuagamos y vertemos 1 litro de agua con sal para cocer las gambas; programamos 6 minutos a 120 ºC, potencia de calor 10 y velocidad 0 para llevar el agua a ebullición, dejando el vaso medidor sin bloquear para que salga el vapor. Cuando el agua ya está hirviendo, echamos las gambas y las cocemos 2 minutos a 120 ºC, potencia de calor 10 y velocidad 0; en cuanto acabe el tiempo, las pasamos a un bol con agua fría y hielo, las refrescamos 1–2 minutos y las escurrimos. Secamos la jarra y echamos dentro el pimiento verde, el pimiento rojo, la cebolla y el ajo, y lo picamos 5 segundos a velocidad 6; bajamos los restos con la espátula. Añadimos el aceite de oliva, el vinagre, la sal y la pimienta, y mezclamos 10 segundos a velocidad 3 para que la vinagreta quede bien integrada. Pelamos los huevos ya fríos y los cortamos a mano en trozos, y preparamos también el surimi en trozos y las aceitunas negras. En un bol o en la fuente, juntamos gambas, surimi, huevo y aceitunas, añadimos la vinagreta y mezclamos con suavidad; justo antes de servir, terminamos echando un hilo de aceite por encima.
- Ensalada ahumada
Ensalada ahumada tradicional Ingredientes: 200 g de salmón ahumado 1 diente de ajo 5 patatas medianas 2 aguacates El zumo de 1 limón 40 ml de aceite de oliva 2 cebolletas frescas pequeñitas Pimienta rosa Sal Elaboración. Lavamos las patatas y las hervimos en agua fría con sal hasta que estén cocidas, aproximadamente unos 20 minutos, comprobamos con un palillo que estén tiernas antes de sacar, las sacamos del agua y las dejamos enfriar un poco, solo un poco porque cuanto más calientes estén mejor pelan. Las cortamos en rodajas gruesas y las dejamos enfriar por completo. Cortamos los aguacates a lo largo por la mitad, les quitamos el hueso y les vaciamos la pulpa y la picamos, añadimos sobre esta el zumo de limón, el aceite y la sal, lo metemos en el vaso de la batidora. Pelamos y picamos el ajo y juntamos con la pulpa del aguacate, con ayuda de una batidora de cocina lo trituramos todo hasta conseguir una salsa sin grumos y espesa. Lavamos la cebolleta y la cortamos en rodajas finas. Montamos la ensalada poniendo una base de patata, la cebolleta encima y por ultimo el salmón. Ponemos sobre esto nuestro aliño y le damos un toque de pimienta rosa. Ensalada ahumada tradicional Ingredientes: 200 g de salmón ahumado 1 diente de ajo 5 patatas medianas 2 aguacates El zumo de 1 limón 40 ml de aceite de oliva 2 cebolletas frescas pequeñitas Pimienta rosa Sal Elaboración. Lavamos las patatas y las hervimos en agua fría con sal hasta que estén cocidas, aproximadamente unos 20 minutos, comprobamos con un palillo que estén tiernas antes de sacar, las sacamos del agua y las dejamos enfriar un poco, solo un poco porque cuanto más calientes estén mejor pelan. Las cortamos en rodajas gruesas y las dejamos enfriar por completo. Cortamos los aguacates a lo largo por la mitad, les quitamos el hueso y les vaciamos la pulpa y la picamos, añadimos sobre esta el zumo de limón, el aceite y la sal, lo metemos en el vaso de la batidora. Pelamos y picamos el ajo y juntamos con la pulpa del aguacate, con ayuda de una batidora de cocina lo trituramos todo hasta conseguir una salsa sin grumos y espesa. Lavamos la cebolleta y la cortamos en rodajas finas. Montamos la ensalada poniendo una base de patata, la cebolleta encima y por ultimo el salmón. Ponemos sobre esto nuestro aliño y le damos un toque de pimienta rosa.
- Sangria de vino blanco
Ingredientes: 1 botella de vino blanco 1 naranja en cachitos 1 limón en cuartos 1 manzana en trozos 50 ml de zumo de manzana 50 ml de ron 330 ml de refresco de lima-limón Azúcar al gusto Abundante hielo Hierbabuena al gusto Elaboración: Preparamos la fruta; yo no la pelo, pero eso es cuestión de gustos. La corto en trocitos y la dejo un poquito en la jarra con el azúcar y el ron. Pasados unos 10 minutos, removemos y echamos el vino, el zumo, el refresco, la hierbabuena y mucho hielo; servimos en vasos; si lo vamos a tomar, pero no rápido, no echamos el hielo en la jarra y lo echamos en los vasos. Ya que si lo echamos a la jarra, se acaba aguando.
- Base para helados: la clásica con huevo y sin huevo
Base para helados: la clásica con huevo y sin huevo Con este post pretendo descubriros las bases de cómo hacer cualquier tipo de helado. Hay una versión clásica, una especie de natillas claritas, y otra base más especial, sin huevo, especialmente indicada para las personas que presentan alergias a este alimento, pero que también tiene la ventaja de ser menos delicada de preparar que la base clásica, pues no se puede cortar. La receta clásica del helado tiene una base parecida a unas natillas, un cuajado de yemas/huevos con nata, leche o ambas. Este cuajado se suele aromatizar con vainilla y luego se añaden otros saborizantes. La mezcla se manteca, es decir, se bate al tiempo que la congelamos, con el objeto de agregar microburbujas de aire que dan ligereza al helado, pero sobre todo para romper los cristales de hielo que forma el agua que contiene la mezcla, hasta dejarlos de un tamaño que nuestro paladar no sea capaz de percibir. En la receta de base sin huevo, este ingrediente se sustituye por almidón de maíz. El almidón es una molécula grande que se hidrata con el agua para hacerse aún más grande. Además de no dejar tanta agua libre para formar cristales de hielo, estorba literalmente la formación de los cristales, evitando que se hagan grandes, lo que le aporta al helado la sensación de cremosidad que buscamos. La base con huevo tiene un color más amarillo, como es natural, pero ambas bases están igualmente ricas y cremosas si se mantecan correctamente. Como hemos comentado, se trata de bases de helado, que se pueden consumir tal cual como un sencillo helado de vainilla o saborizar con cacao en polvo para obtener helado de chocolate, con licores, añadiéndoles pasas y distintos tropezones, con puré de frutas, etc. La clásica con huevos: Ingredientes: 320 g de leche entera 4 yemas 130 g de azúcar Una vaina de vainilla Un pellizco de sal 400 g de nata líquida para montar Elaboración: Empezamos preparando las natillas. Ponemos en un cazo las yemas, la leche, el azúcar, la sal y las semillas de la vaina de vainilla (o media cdta. de extracto de vainilla). Mezclamos bien con unas varillas y ponemos el cazo a fuego muy bajo. Calentamos suavemente sin dejar de remover con las varillas o con cuchara de madera para que no se nos pegue al fondo, hasta que observamos que empieza a espesar ligeramente. Si tenemos un termómetro, podemos controlar la temperatura; no debe pasar de 85-90 ºC porque se nos podría cortar. Cuando ha espesado (cambia la consistencia y desaparece la espuma de la superficie), añadimos la nata fría, mezclamos perfectamente y dejamos enfriar tapado. Una vez a temperatura ambiente, pasamos las natillas al frigorífico para que se enfríen del todo y maduren; las tendremos un mínimo de ocho horas, preferiblemente toda una noche. En este tiempo las proteínas se hidratan, mejorando la consistencia posterior, y los sabores se asientan. Cuando la base esté perfectamente refrigerada, podemos mantecarla, bien en heladera, bien por el método tradicional, metiéndola en el congelador y batiéndola con batidora manual cada media hora. Sin huevo: Ingredientes: 250 g de leche entera 240 g de nata líquida para montar 250 g de leche evaporada 140 g de azúcar Una vaina de vainilla Un pellizco de sal 4 cucharaditas de café de Maizena Elaboración: Tomamos 100 g de leche fría en un bol y le añadimos la maicena. Desleímos bien con una cucharilla hasta que no queden grumos. Reservamos. En un cazo ponemos el resto de la leche, la nata líquida, la leche evaporada, el azúcar, la sal y las semillas de la vaina de vainilla (o media cdta. de extracto de vainilla), y agregamos la leche con la maicena. Mezclamos con varillas y ponemos el cazo a fuego bajo. Calentamos sin dejar de remover hasta que llegue a hervir. Hervimos un par de minutos y dejamos enfriar tapado. Si ha quedado algún grumo, pasamos la mezcla por una batidora. Veis que una de las principales diferencias de esta base sin huevo respecto a la clásica es que en este caso no solo no importa que la mezcla hierva, sino que es necesario que hierva brevemente para espesar. Cuando la mezcla tiene un almidón como la Maizena, no puede cortarse; además, cuando está fría, esta es más sólida que la de huevo. Cuando la mezcla esté fría por completo, pasamos el recipiente al frigorífico, para que siga enfriándose. Lo tendremos un mínimo de ocho horas. Cuando la base esté perfectamente refrigerada, podemos mantecarla, bien en heladera, bien por el método tradicional, metiéndola en el congelador y batiéndola cada media hora.
- Sorbete de melón con almíbar en robot de cocina
Sorbete de melón con almíbar en robot de cocina Ingredientes: 1 melón de Cantalupo 30 g de azúcar 1 cucharada de miel Hojas de menta para decorar Medio limón 3 cucharadas de agua Elaboración: Exprimimos el limón y lo colamos, lo agregamos en la jarra, en la que ponemos nuestra mariposa, junto con la miel, el agua y el azúcar, y programamos a 120 ºC con control de potencia 8 y velocidad 1; lo tenemos que llevar a ebullición. En apenas 3 minutos está, cuando rompa a hervir, cocinamos 2 minutos más, retiramos y dejamos enfriar. Lavamos la jarra y la mariposa. Partimos el melón por la mitad y quitamos las semillas, sacamos toda la pulpa y la metemos en la jarra troceada en cachos pequeños, la trituramos a velocidad 7 durante 3 minutos, bajamos los restos y trituramos a velocidad 10; nos tiene que quedar como un batido. Colocamos nuestras mariposas y echamos sobre el batido el almíbar, mezclamos a velocidad 3 durante 3 minutos. Echamos en una fuente y lo tapamos con papel film, tocando el sorbete, para evitar que le quede nada de aire; lo metemos a congelar unos 90 minutos. Sacamos el sorbete, lo rompemos un poco y lo metemos en la jarra de nuevo, esta vez sin mariposas y a velocidad 5 durante 2 minutos, para romper los cristales de hielo. Lo volvemos a congelar en el mismo bol, con la misma técnica del film. Lo sacamos 4 minutos antes de consumir y presentamos con ayuda de una cuchara de helados, sacando bolas. Decoramos con hojas de menta. Truco: Para un día especial, en vez de hacerlo con almíbar, podemos hacer solo el melón sin azúcar y sin nada, solo la pulpa con medio litro de cava, triturando todo junto y siguiendo los pasos, o justo antes de servir con esta receta, añadirle un poco de Contreau o Pippermint.
- Gelificantes, que lío de gelatinas y agar
Gelificantes, que lío de gelatinas y agar Muchas veces, cuando vamos a hacer una receta, vemos que necesitamos echar cuajada en concreto, o gelatina y no tenemos y necesitamos cambiarlo si o si porque es domingo y no puedo ir a comprar, o no quiero o básicamente soy vegano y como es lógico no voy a usar gelatina de origen animal, y necesito esa tabla de ayuda que aveces encontramos fácilmente en san Google y otras morimos en el intento, pues hoy os traigo precisamente eso, unas tablas de conversión y un poco de ayuda con nuestras gelatinas, cuajadas etc… Para la cuajada, tan sencillo como saberse que 12g de cuajada en polvo son 15g de gelatina en polvo, depende del fabricante 1 sobre por 1 sobre. El agar-agar El agar es un gelificante natural que se extrae de las algas. es especialmente interesante para dietas veganas por su origen en el reino vegetal. Está llena de beneficios y además es un gelificante muy potente, que llega a actuar unas 10 veces más fuerte que los de origen animal y no agrega ni sabor ni olor a la receta. Además, no tiene gluten, por lo que también es apta para celiacos. También podemos usarla para platos calientes. El agar agar es un gelificante muy práctico para platos fríos, pero mucho más para platos calientes. A diferencia de otros espesantes, el agar agar conserva hasta una temperatura de 65ºC la textura de la gelatina. La cantidad a emplear depende, tanto de la textura que deseemos obtener, como del volumen del líquido a solidificar. Aquí están las medidas por cada litro según el nivel de dureza que queramos conseguir: Textura muy blanda: 1,6 gramos Textura blanda: 3 gramos Textura dura: 10 gramos Textura muy dura: 14 gramos Cuajada: Aunque le llamemos cuajada a los polvos que encontramos en todos los lineales de nuestros supers, esto no es cuajada en si o cuajo, sino que es un nombre genérico que se le ha dado ya que con ella podríamos intentar hacer cuajada tradicional, bueno mejor dicho el amago, porque no se parece en sabor ni por asomo. Es un producto que ayuda a espesar, normalmente postres lácteos, y si nos fijamos en los ingredientes del sobrecito veremos que lleva de todo menos cuajo, almidón, fructosa, espesante (E-407), azúcar, estabilizador (E-339), aromas y cuajo. Además de que pueden contener trazas de trigo, leche y huevo. Esto hace que sea un producto no apto para las personas con ciertas alergias, intolerancias y otras restricciones alimenticias, así que ante la duda de usarlo si no conocemos las intolerancias alimenticias mejor lo sustituimos. Resulta llamativo que, para elaborar un postre que en su versión natural solo lleva leche fresca de oveja y cuajo, sean necesarios tantos ingredientes. Gelatina: La gelatina es una sustancia incolora e inodora, extraída de los huesos y los cartílagos de los animales. Sirve como agente gelificante en la elaboración de postres. También se utiliza como estabilizante o espesante en otros alimentos. En recetarios de hace unos años se suele llamar cola de pescado. Las hojas de gelatina se deben poner a remojo en agua fría durante 5 minutos. Las hojas no se disuelven, pero se ablandan. Después de este tiempo hay que tomarlas con las manos y apretarlas suavemente. A continuación se hará lo que indique la receta, normalmente añadiéndola a un líquido caliente y removiendo para su total disolución. La gelatina en polvo se añade al agua fría y no se debe remover, se deja reposar unos 5 minutos, hasta que adquiere un aspecto esponjoso. Procederemos entonces como dice la receta, normalmente añadiéndola a un líquido caliente y removiendo hasta que se disuelva por completo. No es apta para el consumo de personas veganas o vegetarianas, ya que su origen es animal. Grenetina: La grenetina es igual a la gelatina sin sabor, no tiene ningún sabor ni color, se hace de la piel de unos animales y de los huesos, lo más importante es que tiene colágeno y algunas vitaminas, de allí que tenga tantas propiedades, además, no tiene colesterol. Es otro producto que tenemos que evitar si tenemos un vegano en casa.
- Truco: Empanadas de 10
Truco: Empanadas de 10 Las empanadas caseras muchas veces nos pueden traer por la calle de la amargura, hay gente que las borda como mi madre, a otros nos salen cada vez mejor pero no son perfectas, y otros montan un show en el horno y encimera, Con este post pretendo dar unos trucos para que cada vez nos salgan mejor. Evitar un exceso de humedad en el relleno. Para disfrutar de unas empanadas para chuparse los dedos, el relleno debe ser jugoso, pero no en exceso. Si es demasiado húmedo, estaremos ante una empanada que puede gotear y, además, puede que la masa no se haga del todo y quede cruda, lo que nos impedirá disfrutar de un sabor crujiente. Si el relleno de la empanada queda muy seco, se puede añadir un poco más de aceite que el original. Si está muy húmeda, en cambio, hay que escurrir parte del aceite antes de poner el relleno en la empanada. El relleno de carne o de verduras de hoja (como acelga o espinaca) suele dejar mucho líquido en su preparación, y no debería ponerse de esa forma dentro de la empanada. Por eso, una vez que el relleno esté listo, quitá el jugo de la carne o de las verduras, por ejemplo, pasándolo por un colador antes de comenzar a rellenar las empanadas. Mezclar la harina Uno de los problemas que nos podemos encontrar al elaborar empanadas artesanas es que la masa nos queda seca. Lo que pasa es que la masa queda compacta y se nota en el sabor. El mejor consejo para que esto no nos ocurra es mezclar harina de trigo con harina de maíz. Vamos a poner mitad y mitad. El resultado será una masa para empanada perfecta. Usar levadura fresca Otra de las cosas que tienen que tener nuestras empanadas es la levadura fresca. No obstante, muchas veces no tenemos este ingrediente en casa y consideramos que podemos sustituirlo por Royal. Esto es un grave error. La levadura fresca nos permitirá obtener una masa perfecta de empanada. Agujerear la superficie de la masa Otro de los consejos es realizar unos agujeros sobre la masa antes de introducirlas en el horno. Así, el vapor que se forme en el interior de la masa saldrá, evitando que se formen zonas infladas. Recomendamos realizar tan solo uno o dos agujeros, no más. Un buen repulgue: Otro de los secretos para hacer empanadas deliciosas está en el repulgue. No es solo algo para que se vean bonitas, son una parte fundamental de la empanada porque es el modo de cerrarlas. Y atención, porque un repulgue mal hecho puede significar que la empanada, durante la cocción, se abra. Que no se “peguen”: Siempre en el fondo del molde utilizar papel sulfurizado o untar este con mantequilla o aceite y espolvorear harina, luego lo sacudimos para quitar el exceso de harina de este, no hay nada peor que intentar desmoldar una empanada, que nos ha quedado bonita y cuando le damos la vuelta se nos rompa o quede en el molde, y eso por lo menos a mi me fastidia en exceso. Pintar con huevo: Para obtener este color doradito, tan apetecible, debemos batir un huevo y pintar con él la masa de la empanada antes de meterla en el horno. Para hacer esto utilizaremos una brocha de cocina. También colócalo en la parte del repulgue. No pongas demasiado huevo batido para evitar que la masa se humedezca de más y se ablande. El queso en su lugar El queso es uno de los ingredientes que poco a poco se ha ido ganando su lugar en el relleno de las empanadas. Pero muchas veces sucede que, al cocinar, se derrite de más y sale hacia afuera de la empanada. Para que esto no ocurra, coloca harina en un pequeño recipiente y pasa por allí los trocitos de queso que vayas a utilizar. ¿Cómo conservarlas correctamente? Las empanadas solo duran 3 días en el refrigerador. Según la autoridad sanitaria, la empanada es un alimento de consumo inmediato, y si se guarda, es importante conservarlas en el refrigerador a una temperatura inferior a 5º.
- Los rollitos de primavera
Los rollitos de primavera Los rollitos de primavera, a los que también se les llama arrollados de primavera o se conocen por distintos nombres según el país, quizá sean uno de los platos más populares de la cocina china fuera de China. Lo que mucha gente no sabe es que están vinculados a una celebración tradicional: el Año Nuevo chino, que se conoce precisamente como Fiesta de la Primavera, aunque se celebra a finales de enero o en febrero (según el calendario lunar). Se considera que el origen de este plato se remonta a la antigua China y suele situarse en torno a épocas como la dinastía Tang (618–907). En aquellos tiempos se consumían durante la Fiesta de la Primavera, coincidiendo con el inicio del ciclo agrícola, como símbolo de buenos augurios y futuras cosechas. De ahí que el nombre “rollito de primavera” haya quedado asociado a esa festividad. Otro dato curioso tiene que ver con la forma: el rollito, alargado, se interpreta a menudo como un guiño simbólico (y muy repetido en la cultura popular gastronómica) a elementos tradicionales de la época, como el gusano de seda. Un “secreto” de este plato es que existen varios tipos de rollitos y conviene no confundirlos. En Occidente llamamos rollito de primavera a preparaciones que, según la receta y el país, pueden parecerse más a versiones vietnamitas o tailandesas. En cambio, en otros contextos se diferencia entre el rollito de primavera con oblea de trigo (muy común en China) y otras variantes como los egg rolls (más típicos en adaptaciones occidentales, con una envoltura más gruesa y diferente textura). En resumen: se parecen, pero no son exactamente lo mismo, y aun así aquí los metemos a todos en el mismo saco y los seguimos llamando “rollitos de primavera”. El relleno suele ser una mezcla salteada y picada de verduras: zanahoria, cebolla, col china (este ingrediente es fundamental), setas y brotes de soja. En muchas versiones también se añaden fideos de cristal (fideos de soja) y, según la receta, carne picada. Para darles el punto salado característico, se suele terminar con unas gotas de salsa de soja. Además de los fritos, existen versiones no fritas. Suelen prepararse con envolturas más finas o semitransparentes y se cocinan al vapor o escaldadas, dejando ver el interior verdoso. Sea frito o al vapor, el rollito se disfruta caliente y normalmente acompañado de salsa de soja o salsa agridulce. Y sí, también hay versiones dulces: algunas se rellenan con pasta de judía roja, un clásico de muchos postres asiáticos.










