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- El aceite de oliva, nuestro oro líquido
El aceite de oliva, nuestro oro líquido El aceite de oliva, nuestro oro líquido El aceite de oliva es uno de los grandes pilares de la dieta mediterránea y un ingrediente imprescindible en nuestra cocina. España, además de contar con aceites de gran calidad, es líder mundial en producción y exportación, con presencia en más de 150 países. Sin embargo, cuando llegamos al supermercado, encontramos distintas denominaciones: aceite de oliva virgen extra, aceite de oliva virgen, aceite de oliva y aceite de orujo de oliva. ¿En qué se diferencian? ¿Cuál debemos elegir para aliñar, cocinar o freír? En este artículo explicamos las principales categorías y sus usos más habituales en la cocina. ¿Qué tipos de aceite de oliva podemos encontrar? La categoría de un aceite no depende únicamente de su acidez. También se tienen en cuenta otros parámetros físicos, químicos y sensoriales. Además, el color no es un indicador fiable de calidad: un aceite verde no tiene por qué ser mejor que uno dorado. De hecho, en las catas profesionales se utilizan vasos oscuros para evitar que el color influya en la valoración. Aceite de oliva virgen extra o AOVE El aceite de oliva virgen extra es la categoría de mayor calidad. Se obtiene directamente de las aceitunas mediante procedimientos mecánicos o físicos y no se somete a procesos de refinado. Para ser considerado virgen extra, debe presentar una acidez igual o inferior al 0,8 %, tener aroma frutado y no mostrar defectos sensoriales en la cata. Su sabor puede variar considerablemente según la variedad de aceituna, su madurez, la zona de cultivo y el momento de la recolección. Podemos encontrar AOVE suaves, dulces, amargos, picantes o con aromas que recuerdan al tomate, la hierba recién cortada, la almendra o la manzana. Es especialmente recomendable para: Aliños y vinagretas. Tostadas y desayunos. Gazpachos, salmorejos y cremas frías. Salsas, mayonesas y emulsiones. Marinados y conservas. Salteados, asados y guisos. Frituras cuando buscamos aportar un sabor más intenso. Aunque solemos asociarlo al consumo en crudo, el AOVE también puede utilizarse para cocinar y freír. Su composición, rica en ácido oleico, le proporciona una buena estabilidad frente a las altas temperaturas. Aceite de oliva virgen También se obtiene directamente de las aceitunas mediante procedimientos mecánicos o físicos y no pasa por un proceso de refinado. La principal diferencia respecto al AOVE está en sus características químicas y sensoriales. Puede presentar pequeños defectos de aroma o sabor y su acidez debe ser igual o inferior al 2 %. Es una buena opción para: Guisos y estofados. Sofritos. Salsas cocinadas. Asados. Salteados. Cocciones lentas. Frituras. También podemos utilizarlo en crudo si su sabor nos resulta agradable, aunque normalmente ofrecerá menos complejidad aromática que un buen virgen extra. Aceite de oliva Cuando una botella indica simplemente “aceite de oliva”, no contiene únicamente aceite obtenido directamente de las aceitunas. Se trata de una mezcla de aceite de oliva refinado y una proporción variable de aceite de oliva virgen o virgen extra. El refinado permite corregir determinadas características de los aceites que no son aptos para consumirse directamente. Después se mezclan con aceite virgen para aportarles aroma, sabor y color. La acidez de esta categoría no puede superar el 1 %. Su sabor suele ser más suave y neutro, por lo que resulta apropiado para: Freír. Preparar rebozados. Saltear alimentos. Hacer sofritos. Cocinar recetas en las que no queremos que el aceite destaque. Elaborar masas, bizcochos y repostería. No es necesariamente mejor que el AOVE para soportar altas temperaturas. Ambos pueden emplearse para cocinar; la elección dependerá del sabor que busquemos, del presupuesto y del tipo de receta. Aceite de orujo de oliva El aceite de orujo de oliva no se elabora únicamente con los huesos de las aceitunas. El orujo es la materia que queda después de extraer el aceite en la almazara y está formado por restos de pulpa, piel, hueso y una pequeña cantidad de aceite. El aceite de orujo crudo se extrae de este material y posteriormente se refina. Para poder comercializarse para consumo, el aceite de orujo refinado se mezcla con una proporción de aceite de oliva virgen. Su acidez no puede superar el 1 %. Aunque pertenece a una categoría diferente de los aceites vírgenes, es un aceite apto para el consumo y no debe confundirse con el aceite de orujo crudo, que no puede venderse directamente al consumidor. Su sabor neutro y su estabilidad térmica hacen que se utilice especialmente para: Frituras. Rebozados. Elaboraciones de hostelería. Masas y productos de repostería. Recetas en las que no buscamos un sabor intenso a aceite. Los aceites procedentes de la aceituna, incluido el aceite de orujo, presentan una buena estabilidad durante la fritura debido a su contenido en ácido oleico y a su menor proporción de ácidos grasos poliinsaturados frente a otros aceites vegetales. ¿Qué significan “oliva”, “virgen” y “virgen extra”? Estas denominaciones no son expresiones publicitarias, sino categorías reguladas. Oliva: indica que el aceite procede de la aceituna. En la categoría denominada “aceite de oliva”, el producto es una mezcla de aceites refinados y aceites vírgenes. Virgen: significa que se ha obtenido directamente de las aceitunas utilizando únicamente procedimientos mecánicos o físicos. Virgen extra: además de obtenerse exclusivamente mediante procedimientos mecánicos o físicos, debe cumplir unos requisitos químicos más exigentes y no presentar defectos sensoriales. AOVE: son las siglas de aceite de oliva virgen extra. La expresión “primera prensada” no es necesaria para identificar un aceite de calidad. En la actualidad, gran parte del aceite se obtiene mediante sistemas de centrifugación y no mediante las prensas tradicionales. ¿Qué significa la acidez del aceite? La acidez mide la cantidad de ácidos grasos libres presentes en el aceite y se expresa como porcentaje de ácido oleico. Es uno de los parámetros utilizados para clasificarlo, pero no es el único. No debemos confundirla con un sabor ácido, agrio, amargo o picante. La acidez no se percibe directamente al probar el aceite. Por tanto, un aceite con una acidez mayor no tiene necesariamente un sabor más fuerte. ¿Cuál es el mejor aceite de oliva para cada receta? No existe un único aceite perfecto para todas las elaboraciones. La elección depende principalmente del sabor que queramos conseguir. Para consumir en crudo: AOVE, especialmente si queremos apreciar sus aromas. Para aliños y salsas frías: AOVE suave o intenso, según la receta. Para guisos y cocciones lentas: aceite de oliva virgen, AOVE o aceite de oliva. Para saltear y asar: AOVE, virgen o aceite de oliva. Para freír: AOVE, aceite de oliva o aceite de orujo de oliva. Para repostería: AOVE suave o aceite de oliva de sabor neutro. Para mayonesas y emulsiones: AOVE suave, virgen o aceite de oliva, dependiendo de la intensidad deseada. En definitiva, no debemos reservar el AOVE exclusivamente para tomarlo en crudo. También podemos utilizarlo en sofritos, guisos, asados y frituras. Si buscamos un resultado más neutro o económico, el aceite de oliva y el aceite de orujo de oliva son alternativas adecuadas. Un aceite para cada cocina Conocer las diferencias entre las distintas categorías nos ayuda a comprar con más criterio y a aprovechar mejor cada aceite. El AOVE ofrece la máxima calidad sensorial y permite disfrutar plenamente de los aromas de la aceituna. El aceite de oliva virgen es una alternativa versátil para cocinar y consumir en crudo. El aceite de oliva tiene un sabor más neutro, mientras que el aceite de orujo de oliva resulta especialmente práctico para determinadas frituras y elaboraciones. Más adelante hablaremos de las principales variedades de aceituna, como la picual, la arbequina, la hojiblanca o la cornicabra, y aprenderemos a elegirlas según su sabor y el tipo de receta.
- Patatas para tortilla hechas en robot de cocina
Patatas para tortilla hechas en robot de cocina Cuando queramos preparar una tortilla de patata en casa, podemos cocinar las patatas en nuestra Mambo de diferentes maneras. El resultado dependerá del método elegido: al vapor quedarán más ligeras y con menos aceite, mientras que, cocinadas en la jarra, tendrán una textura más melosa y parecida a la de la tortilla tradicional. Patatas al vapor Pelamos las patatas y las cortamos en láminas finas, de aproximadamente 3-5 mm de grosor. Es importante que tengan un tamaño similar para que se cocinen de manera uniforme. Distribuimos las patatas en la vaporera sin amontonarlas demasiado y procurando no bloquear todos los orificios, ya que el vapor debe circular entre ellas. Podemos utilizar los dos niveles si vamos a preparar una cantidad grande. Vertemos 1 litro de agua en la jarra y colocamos la vaporera siguiendo el sistema de montaje de nuestro modelo de Mambo. Programamos 120 ºC, potencia de calor 10, velocidad 0 y entre 25 y 30 minutos. El tiempo puede variar según la variedad de patata, el grosor de las láminas y la cantidad utilizada. Las recetas oficiales de Cecotec emplean parámetros similares y tiempos cercanos a 30 minutos para cocinar patatas al vapor. Al finalizar, pinchamos varias patatas para comprobar que estén tiernas. Si todavía ofrecen resistencia, prolongamos la cocción entre 3 y 5 minutos. Podemos añadirles una pizca de sal antes de cocinarlas o sazonarlas después, cuando todavía estén calientes. Este método permite preparar una tortilla más ligera, aunque debemos tener en cuenta que la patata tendrá un sabor menos intenso que cuando se cocina directamente con aceite. Patatas en la jarra con aceite y agua Para unos 600 g de patata, colocamos la cuchara MamboMix en la jarra. Si nuestro modelo incluye una jarra con revestimiento cerámico, podemos utilizarla para reducir el riesgo de que las patatas se adhieran durante la cocción. La cuchara MamboMix está diseñada para remover los ingredientes suavemente sin cortarlos, mientras que la jarra Habana ofrece una superficie antiadherente para las elaboraciones más delicadas. Pelamos las patatas, las cortamos en láminas finas para tortilla y las introducimos en la jarra. Añadimos sal al gusto, 100 ml de aceite de oliva virgen extra y 100 ml de agua. Programamos 120 ºC, potencia de calor 6, velocidad 1 y 25 minutos. Cuando termine el programa, comprobamos el punto de cocción y, si las patatas todavía están firmes, añadimos entre 3 y 5 minutos con los mismos parámetros. Retiramos las patatas con cuidado y las ponemos en un colador para eliminar el exceso de aceite y agua antes de mezclarlas con los huevos. Patatas cocinadas solamente con aceite Si queremos un resultado más parecido al de una tortilla tradicional, podemos sustituir el agua por más aceite. Para unos 600 g de patata, utilizamos aproximadamente 200 ml de aceite de oliva. Colocamos la cuchara MamboMix, introducimos las patatas cortadas y sazonadas, añadimos el aceite y programamos 120 ºC, potencia de calor 6, velocidad 1 y unos 25 minutos. Finalizado el tiempo, comprobamos que las patatas estén tiernas y las dejamos escurrir bien. Este método proporciona una textura más untuosa y un sabor más intenso, aunque también aumenta la cantidad de aceite utilizada. Con cebolla y otros ingredientes Si queremos preparar la tortilla con cebolla, recomendamos cocinarla por separado. De esta forma podremos controlar mejor su punto de cocción y evitaremos que la patata se rompa demasiado. Podemos cocinar entre 150 y 200 g de cebolla cortada en juliana con 25-30 ml de aceite. Colocamos la cuchara MamboMix y programamos 120 ºC, potencia de calor 6, velocidad 1 y entre 8 y 10 minutos. Cuando esté tierna, la retiramos y la mezclamos posteriormente con la patata. También podemos añadir pimiento, chorizo, calabacín u otros ingredientes. En estos casos, es preferible cocinarlos por separado y escurrirlos bien antes de incorporarlos, especialmente si contienen bastante agua o grasa. Finalmente, mezclamos las patatas con los huevos batidos y dejamos reposar el conjunto entre 3 y 5 minutos para que se integren bien. Después, cuajamos la tortilla en una sartén ligeramente engrasada, ajustando el tiempo según nos guste más jugosa o más hecha.
- Accesorios para ollas lentas: el infusionador
Accesorios para ollas lentas: el infusionador Cómo usar un infusionador en una olla de cocción lenta Cuando cocinamos en una olla de cocción lenta ChupChup y queremos aportar el aroma de las especias sin encontrarlas después flotando en la salsa, un infusionador de té puede convertirse en un gran aliado. Nos permite utilizar hierbas, semillas y especias enteras y retirarlas fácilmente al finalizar la receta. Podemos encontrar infusionadores de diferentes formas, materiales y tamaños. La elección dependerá de la cantidad y del tipo de condimento que vayamos a utilizar. Los modelos de silicona son prácticos para especias de mayor tamaño, como granos de pimienta, clavo o bayas de enebro, mientras que los metálicos de malla fina resultan adecuados para hierbas secas y semillas pequeñas. Antes de introducirlo en la olla, colocamos las especias en su interior sin llenarlo por completo, dejando espacio para que el líquido pueda circular y extraer todos sus aromas. También debemos comprobar que esté perfectamente cerrado; si queda alguna abertura, las hierbas podrían salir y perderíamos la principal ventaja de este utensilio. Durante el cocinado, procuramos que el infusionador permanezca sumergido en la salsa o el caldo, pero sin quedar atrapado en el fondo bajo grandes trozos de carne o verduras. Si dispone de cadena, podemos sujetarla al asa de la cubeta para localizarlo y retirarlo con facilidad. En las ollas ChupChup conviene mantener la tapa cerrada durante la cocción para conservar la humedad y evitar pérdidas de temperatura. Podemos llenarlo con romero, tomillo, laurel troceado, granos de pimienta, clavo, cardamomo o semillas de cilantro, entre otras opciones. Es recomendable moderar las cantidades, ya que las cocciones prolongadas intensifican progresivamente los aromas y algunas especias podrían llegar a dominar el sabor del plato. Una vez terminada la receta, retiramos el infusionador con cuidado, dejamos que se enfríe y vaciamos su contenido. Después, lo lavamos siguiendo las indicaciones de su fabricante y lo secamos completamente antes de guardarlo. De esta forma, nadie encontrará una hoja de romero ni un grano de pimienta en el plato, pero todos sus aromas y sabores estarán presentes en la elaboración.
- El marisco, clases y tiempos de cocinado
El marisco, clases y tiempos de cocinado Todos sabemos que el marisco es una clase de animales marinos, algunos con concha, otros sin ella, y otros casi con armadura, pero sabemos diferenciarlos? Exactamente, ¿qué es el marisco? El marisco hace referencia a todos los animales marinos, invertebrados y comestibles, y se clasifican en: crustáceos, moluscos (bivalvos y cefalópodos) y equinodermos. Los crustáceos (Si tiene cáscara y patas, es un crustáceo). La cáscara o caparazón es la característica más destacable de los mariscos crustáceos. Teniendo en cuenta este aspecto, es fácil deducir quiénes pertenecen a esta subespecie: bogavante, buey de mar, camarón, cangrejo, carabinero, centollo, cigala, gamba, gamba roja, langosta, langostino, nécora, percebe y santiaguiño. En la mesa los conocemos como esa variedad de marisco que se ha de pelar o sobre la que hay que intervenir, incluso con pinzas, para eludir esa fuerte defensa en forma de caparazón. Los moluscos (si tiene concha, seguro que es un molusco). Viven en los fondos marinos o adheridos a las rocas, y los más populares son los bivalvos, que son aquellos que poseen dos piezas o valvas. En muchos casos, no cuentan con más ayuda que esa concha para desplazarse en el agua, moviéndose a base del impulso que generan al abrir y cerrar las valvas, aunque otros, como el berberecho, se sirven de un pie musculoso. Algunas especies carecen de órganos y de sentidos fundamentales. Las almejas, por ejemplo, no tienen ojos, ni cerebro, ni gusto, ni oído. La vieira, en cambio, tiene ojos esféricos sensibles a la luz, por lo que disfrutan de algo parecido a la vista. Pertenecen a este tipo de marisco el bígaro y la cañaílla, la chirla, la coquina, la galera, el mejillón, la ostra y la zamburiña. Seguro que alguna vez te has preguntado si el pulpo es un marisco o pescado. Pues bien, es un marisco perteneciente a la familia de los moluscos cefalópodos, al igual que el calamar y la sepia. Moluscos son, por tanto, los que se presentan en la mesa con su propio envase natural y que se comen desprendiendo la carne de la concha. Los equinodermos (si no sabes qué es, será un equinodermo) Hay otros seres vivos, aún más extraños, que forman parte de la clasificación de los mariscos. Son, probablemente, los más desconocidos, ya que no todos los equinodermos son comestibles o se utilizan en la gastronomía. En este sentido, el erizo de mar es el más popular de los de su clase. También se comen los pepinos de mar, aunque son más propios de otras gastronomías, como la asiática. ¿Cómo preparar el marisco? Se recomienda consumirlo cocinado (a más de 65 ºC) de alguna forma. Ya que, así, se reduce el riesgo de intoxicación. En caso de querer tomarlo crudo, se ha de congelar previamente a -20 ºC durante 24 horas. ¿Por qué está más rico a la plancha? Esto es porque se produce la reacción de Maillard. Que es aquella que tiene lugar entre los azúcares y las proteínas de los alimentos, dando lugar a una cierta caramelización y sabor tostado. ¿Todos los mariscos aportan lo mismo? La composición nutricional de los mariscos es muy similar entre sí. Todos tienen un bajo aporte de grasas y un alto contenido en proteínas, así como vitaminas del grupo A, B y E y minerales como el yodo, sodio, potasio y magnesio. No obstante, existen algunas diferencias entre los distintos tipos, como es el caso de los crustáceos. Los cuales tienen un mayor aporte de grasas que los moluscos y estos últimos un mayor contenido de colesterol. ¿Las cabezas de las gambas se pueden chupar? No es del todo recomendable, ya que en esta parte se concentra la mayor parte del colesterol. Por lo que, para aquellos que busquen controlarlo, no es aconsejable. Así como de metales pesados que no son nada buenos para nosotros. Tiempos de cocción: El marisco, clases y tiempos de cocinado
- Bonito en salsa en olla GM
Bonito en salsa en olla GM Ingredientes: 100 g de bonito en rodaja 100 g de tomate maduro Pimientos morrones asados (bote 200 g) 100 ml de sidra 1 hoja de laurel 1 cucharada de aceite de oliva Pimienta negra Perejil Sal Elaboración: Lavamos los tomates, los cortamos en cuartos y los introducimos en la jarra de la Mambo con las cuchillas, junto con un pimiento morrón. Programamos 8 segundos a velocidad 8. Bajamos los restos de las paredes y, si queremos una textura más fina, programamos 5 segundos más a velocidad 8. Secamos la rodaja de bonito, la salpimentamos y la marcamos en una plancha o sartén muy caliente con unas gotas de aceite durante 30-45 segundos por cada lado. La retiramos y reservamos. Añadimos una cucharada de aceite de oliva a la cubeta de la Olla GM y programamos el menú Sofreír o Plancha a 130 °C durante 12 minutos, sin cerrar la tapa. Cuando el aceite esté caliente, incorporamos la salsa y una pizca de sal. Lo sofreímos durante 4 minutos, removiendo de vez en cuando para evitar que se pegue. Añadimos la sidra, el resto de pimiento en tiras y la hoja de laurel. Cocinamos con la olla destapada durante 6-8 minutos, manteniendo el mismo menú, para que se evapore el alcohol y la salsa reduzca. Incorporamos el bonito marcado a la salsa y bajamos la temperatura a 110-120 °C. Lo cocinamos durante 1 minuto por cada lado. Cancelamos el programa y dejamos reposar el bonito dentro de la salsa durante 2 minutos, aprovechando el calor residual. Retiramos la hoja de laurel, probamos la salsa y rectificamos de sal y pimienta. Si ha quedado demasiado espesa, añadimos una o dos cucharadas de sidra o agua y mezclamos. Servimos el bonito con la salsa y con un poco de perejil al gusto.
- Manitas de gochu a la asturiana en olla lenta
Manitas de gochu a la asturiana en olla lenta Ingredientes: 4 manitas de cerdo 1 cebolla 1 zanahoria 3 dientes de ajo 1 hoja de laurel ½ cucharadita de romero seco Sal Pimienta Para la salsa: 1 cebolla ½ manzana rallada 200 ml de caldo de cocer las manitas 2 cucharadas de tomate frito 2 cucharaditas de maicena 100 ml de sidra natural ½ cucharadita de pimentón dulce ½ cucharadita de pimentón picante Elaboración: En primer lugar revisamos las manitas para retirar cerdas o pelos y las quemamos con un mechero de cocina; después las sumergimos 2 horas en agua con vinagre, cambiando el agua cada hora y frotándolas con un cepillo para limpiarlas bien antes de enjuagar. Colocamos la cubeta de cerámica en la ChupChup y metemos las manitas con la cebolla, la zanahoria y los ajos troceados, el laurel, el romero, sal y pimienta, y añadimos agua hasta cubrir justo las manitas sin sobrepasar aproximadamente 2/3 de la cubeta Tapamos y cocinamos hasta que estén muy tiernas, sin levantar la tapa al menos durante la primera mitad del tiempo para no perder temperatura; como referencia, las dejamos en High unas 5–6 horas o en Low unas 10–12 horas, ajustando según tamaño y cantidad. Sacamos las manitas con cuidado, colamos y reservamos el caldo, y dejamos templar lo suficiente para poder cortarlas en 4 trozos por manita si no vienen ya cortadas. En una sartén aparte pochamos la cebolla de la salsa con un poco de aceite unos 7 minutos hasta que quede ligeramente tostada. Añadimos la maicena y el tomate frito y removemos 30–60 segundos para que se cocinen y no quede sabor a crudo. Incorporamos la sidra, la manzana rallada y 200 ml del caldo reservado, y cocinamos a fuego suave 6–8 minutos removiendo de vez en cuando hasta que la salsa espese ligeramente. Apagamos el fuego, añadimos el pimentón dulce y el picante y removemos para integrarlos sin que se quemen. Trituramos la salsa hasta que quede fina y la devolvemos a la cubeta de la ChupChup junto con las manitas ya troceadas. Cocinamos todo junto 45–60 minutos en Low (o 20–30 minutos en High) para que se impregnen bien y la salsa termine de ligar, y dejamos reposar unos minutos antes de servir. Si al final quedase la salsa demasiado líquida, terminamos destapando y pasando a High un rato para reducir, ya que en la olla lenta se evapora menos líquido que en una cocción convencional.
- Patatas guisadas con carne en olla GM
Patatas guisadas con carne en olla GM Ingredientes: 800 g de morcillo de ternera en tacos pequeños 800–900 g de patatas peladas 250 g de champiñones laminados 150 g de guisantes (congelados o frescos) 1 cebolla grande, picada fino 2 dientes de ajo, picados 1 pimiento verde picado 2–3 cucharadas de tomate triturado o salsa de tomate 1 cucharadita de pimentón dulce 120 ml de vino blanco 900 ml – 1,2 L de caldo de carne (o agua + sal; mejor caldo) 1 hoja de laurel (opcional) Aceite de oliva virgen extra Sal Pimienta negra Elaboración: Secamos bien los tacos de morcillo con papel de cocina, los salpimentamos y dejamos la cubeta en la olla con un chorrito de aceite; seleccionamos un modo tipo plancha/freír/sofreír (sin presión) y calentamos 1–2 minutos. Doramos la carne en tandas para que coja color sin amontonarla, retirándola a un plato conforme esté marcada, y dejamos en la cubeta los jugos y el fondo tostado (si se seca, añadimos un pelín más de aceite). Bajamos un punto la temperatura si hace falta y pochamos la cebolla y, si los usamos, la zanahoria y el pimiento durante unos 8–10 minutos, removiendo para que no se agarre; añadimos el ajo y lo cocinamos 1 minuto, solo hasta que suelte aroma. Incorporamos el tomate y lo cocinamos 2–3 minutos para que pierda acidez, y apartamos un momento la cubeta del calor o bajamos mucho la potencia para añadir el pimentón y mezclar rápido, evitando que se queme. Vertemos el vino y rascamos el fondo para desglasar bien, dejando que hierva 2–4 minutos hasta que reduzca y el olor a alcohol desaparezca. Devolvemos la carne a la cubeta, añadimos el laurel si lo ponemos y cubrimos con caldo hasta apenas sobrepasar la carne (sin pasar la marca máxima de la cubeta); cerramos la tapa, ponemos la válvula en cerrado y cocinamos a presión alta unos 25–30 minutos, dejando después una despresurización natural de 10 minutos y terminando de sacar la presión con cuidado. Abrimos, añadimos las patatas chascadas y comprobamos el nivel de caldo (las patatas deben quedar justo cubiertas o casi cubiertas, ajustando con un poco más si hiciera falta), cerramos de nuevo con la válvula en cerrado y cocinamos a presión alta 6–8 minutos, despresurizando al final de forma rápida para que la patata no se pase. Abrimos, añadimos los champiñones laminados y los guisantes, y cocinamos con tapa abierta en modo plancha/cocina/simmer 8–10 minutos, removiendo suave, para que el champiñón se haga sin soltar demasiada agua y el guisante quede tierno. Probamos y rectificamos de sal y pimienta, y dejamos reposar 5–10 minutos en caliente (tapa apoyada sin presión) para que la salsa se asiente; si la queremos más espesa, chafamos 2–3 trozos de patata dentro de la cubeta y mezclamos suavemente.
- Timbal de gambas y champiñones en robot de cocina
Timbal de gambas y champiñones en robot de cocina Ingredientes: 250 g de champiñones laminados 200 g de gambas peladas Aceite de oliva 1 guindilla (entera o en trocitos, al gusto) 1 cucharadita de pimentón Sal Elaboración: Colocamos las cuchillas en su posición, añadimos el aceite y la guindilla a la jarra y programamos 120 ºC, potencia de calor 9, velocidad 1 durante 45–60 segundos para que el aceite se aromatice. Colocamos la mariposa para remover sin deshacer, incorporamos los champiñones laminados, añadimos una pizca de sal y programamos 120 ºC, potencia de calor 9, velocidad 1 durante 6–8 minutos, hasta que suelten el agua y queden bien dorados. Añadimos las gambas crudas y programamos 120 ºC, potencia de calor 6, velocidad 1 durante 1–2 minutos, justo hasta que cambien a color rosado. Paramos el robot, esperamos 10–15 segundos, añadimos el pimentón y mezclamos a velocidad 1 durante 10–15 segundos sin temperatura para integrarlo sin que se queme; probamos y ajustamos de sal. Servimos.
- Revuelto de morcilla de Burgos en robot de cocina
Revuelto de morcilla de Burgos en robot de cocina Ingredientes: 1 morcilla de Burgos 2 huevos Sal Pimienta Elaboración: Quitamos la tripa a la morcilla, la desmenuzamos y la ponemos en la jarra con la mariposa para remover suave. Si vemos que la morcilla tiene poca grasa, añadimos 1 cucharadita de aceite; si suelta suficiente, no hace falta. Programamos en modo Sofreír para rehogarla sin que se queme (orientativo: 120 ºC, velocidad 1 durante 4–6 min, ajustando según veamos) y salpimentamos al final, dejando el vaso medidor sin bloquear para que salga el vapor. Con la morcilla ya rehogada, bajamos la temperatura para cuajar el huevo sin resecar (orientativo: 90–100 ºC) y mantenemos velocidad 1 con la mariposa. Vamos añadiendo los huevos poco a poco en hilo por la abertura de la tapa mientras removemos, y paramos cuando el revuelto esté en su punto (normalmente 1–3 min, según cantidad y gusto). Para presentar, pasamos el revuelto al plato y, con ayuda de un aro de cocina, lo emplatamos dándole forma de círculo, presionando muy ligeramente para que quede compacto; retiramos el aro y servimos.
- Masa de pizza en robot de cocina
Masa de pizza en robot de cocina Ingredientes: 300 g de harina de trigo 5 g de sal 10 g de levadura fresca 1 pizca de azúcar 150 g de cerveza 15 g de aceite de oliva virgen Elaboración: En la jarra con la Mambomix puesta introducimos los ingredientes secos, programamos 1 minuto a velocidad 1, para que se mezcle bien. Añadimos los alimentos líquidos y programamos 1 minuto a velocidad 3 y luego 4 minutos a velocidad 2. Dejamos fermentar durante dos horas en un lugar cálido y estiramos nuestra masa. Echamos los ingredientes que más nos gusten; esta vez la hice con queso mozzarella, tomate y bacon y criollos. Precalentamos el horno a 180 ºC y horneamos 20 minutos a esa temperatura a media altura.










