Historia de la tarta Tatin
- Sonya

- hace 1 hora
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La tarta Tatin tiene una historia tan deliciosa como discutida: según quién la cuente, existen varias versiones sobre su origen. Lo que sí parece claro es que está vinculada a las hermanas Stéphanie y Caroline Tatin, que regentaban el Hôtel Tatin en Lamotte-Beuvron, en la región francesa de Sologne, a finales del siglo XIX.
Por entonces, Lamotte-Beuvron era un destino muy frecuentado por aficionados a la caza procedentes de París y Orleans. El hotel de las hermanas Tatin recibía a una clientela acomodada: burgueses, empresarios, aristócratas y otras figuras influyentes de la época; los influencers de entonces, aunque sin redes sociales ni cuentas de Instagram.
La versión más extendida cuenta que Stéphanie, encargada de la cocina, dejó las manzanas demasiado tiempo al fuego con mantequilla y azúcar. Para aprovecharlas, las cubrió rápidamente con una masa y terminó la cocción en el horno. Al darle la vuelta para servirla, descubrieron una tarta de manzanas caramelizadas, jugosas y con una base crujiente que conquistó a los comensales.
Otra leyenda dice que el olvido no fue el tiempo de cocción, sino la masa: Stéphanie habría colocado las manzanas en el molde, las habría llevado al horno y, al darse cuenta de que faltaba la base, añadió la masa por encima a toda prisa. También existe una tercera versión según la cual la tarta se cayó o se horneó al revés por accidente y, para salvarla, decidieron servirla invertida. No hay una única explicación definitiva, pero todas coinciden en que el resultado fue un éxito.
La tarta se convirtió en una de las especialidades más conocidas del Hôtel Tatin. Años después, el gastrónomo Curnonsky contribuyó a difundirla fuera de la región al publicar la receta en 1926 con el nombre de «tarta de las señoritas Tatin». Desde entonces, el postre quedó asociado para siempre al apellido de las dos hermanas.
La receta tradicional se prepara con manzanas caramelizadas en mantequilla y azúcar. Sobre la fruta se coloca una única capa de masa y, después de hornearla, se invierte la tarta sobre una fuente. No lleva masa por arriba y por abajo, como una empanada: su característica esencial es precisamente ese horneado invertido. Hoy podemos encontrar versiones con otras frutas, como pera, melocotón, ciruelas o albaricoques, e incluso propuestas saladas con verduras.


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