Conservas, trucos de cómo hacerlo bien
- Sonya
- 11 mar
- 4 Min. de lectura

Ha llegado la primavera y con ella empiezan a llegar las frutas en su mejor momento, ahora mismo tenemos las fresas y fresones, a finales de mes llegarán los albaricoques, y así con un montón de productos de nuestras huertas, así que si queremos hacer conservas de mermelada en Mambo o tomate lo mejor es aprender como hacerlo bien.
Hay que aprovechar durante todo el invierno para ir guardando botes bonitos para nuestras conservas y ahora aprovechar a hacerlas, pero siempre empezamos a dudar como hacerlas, si se van a conservar bien, si la he liado haciendo el vacío, yo como siempre anduve perdida en este tema, consulté a una experta, mi abuela Hilda, cuando yo era pequeña en primavera y verano andaba al lio del bote, con melocotones, mermeladas, tomates... y frejoles jajaja así que nadie mejor que ella para una master class de la conservación de la mermelada.
Uno de los aspectos más relevantes es que las mermeladas, por el azúcar que empleamos en su preparación, nos ofrecen esa conservación. Esto se debe a que el azúcar es un conservante natural: cuanto más azúcar contiene la mermelada, más tiempo se conservará. Sin embargo, si no deseamos consumirla con exceso de azúcar, simplemente debemos comerla antes.
¿Cuáles son las normas no escritas para la proporción entre azúcar y alimento? Generalmente, se usa el mismo peso de fruta que de azúcar; sin embargo, en las ollas tendemos a usar entre la mitad o un poco más del peso del alimento. Por ejemplo, si las fresas pesan 1 kg, normalmente emplearíamos 1 kg de azúcar; pero en nuestra olla lenta utilizaríamos entre 500 g y 750 g de azúcar. ¡Atención con esto! No se pesa de esta manera, porque hay que eliminar los titos, las pepitas y otros elementos que no estarán en la mermelada.
Vamos al lío con el envasado al vacío:
Los frascos: si planeamos reutilizar los frascos, deben ser de vidrio y estar completamente limpios, lo que significa que todas las etiquetas deben ser retiradas. No deben tener grietas ni golpes, y las tapas tienen que contar con un cierre hermético. Además, no deben presentar ningún bollo o golpe y tampoco coloración de alimentos viejos. No basta con que estén limpios; también es necesario esterilizarlos.
Esterilización: Llenamos una olla con agua y colocamos un paño en el fondo, y así evitamos el baile del tarro al hervir el agua, colocamos dentro los frascos y las tapas. La colocamos en el fuego hasta que comienza a hervir, momento en el cual los dejamos por 10 minutos y los retiramos con precaución para no quemarnos, usando unas pinzas o guantes de cocina. Después de sacarlos, los dejamos secar al aire; no se pueden secar con toallas de cocina.
Rellenado: Para prevenir que el llenado se derrame y ensucie la parte superior, utilizaremos un embudo de boca ancha. Si nos excedemos un poco, debemos limpiarlo con cuidado para impedir que quede algo expuesto al aire y la liemos. No es necesario llenarlos completamente, solo dejaremos un centímetro más o menos. Debemos realizar esto justo después de terminar la preparación de la mermelada, para que la temperatura ejecute su función de vacío.
Hacer el vacío: Contamos con dos métodos, dependiendo de cuánto tiempo deseemos que se mantenga y cómo. Yo prefiero la de larga conservación, a pesar de que tengamos que abrirlo al día siguiente porque nos puede la ansiedad, pero por cuestiones de espacio y confiabilidad.
Técnicas de envasado al vacío:
Corta conservación: Lo primero es que esto debe guardarse en el refrigerador y no sobrepasar los 3 meses. Para ello, después de hacer la mermelada, la ponemos en el frasco con mucha calor y cerramos la tapa. Luego le damos vuelta al frasco y lo dejamos así hasta que se enfríe. Finalmente, lo guardamos en el refrigerador.
Conservación prolongada: Además conocida como pasteurización, el método de mi abuela Hilda y probablemente también el de vuestras casas, consiste en llenar nuestras despensas y alacenas con mermeladas y conservas, lo que es lo mejor del mundo. Ubicamos los tarros de pie y cerrados en una olla que quepan todos, para impedir el movimiento, colocamos un paño en la parte inferior y llenamos los tarros con agua fría. Encendemos la candela y esperamos a que hierva. En ese instante, debemos permanecer al menos 30 minutos, dependiendo de la cantidad de azúcar que agreguemos; si es poca, puede llegar hasta 50 minutos. Los apagamos y los dejamos enfriar en el agua; después, con cuidado de no quemarnos, los retiramos y los ponemos boca abajo para que se enfríen. Cuando estén frías,, las volteamos y el secreto para verificar si están bien es observar la tapa; debe estar ligeramente hundida.
Y ten presente:
Que cuando los abramos, en este caso, si NO HACE POP, HAZ STOP. Esto quiere decir que tienen que hacer ruido al abrirse, como cuando compras uno en el supermercado; que cueste un poco abrirlo y no se abra sin más; y que al abrirlo no tenga moho o vida interior.
